Resulta más fácil comprar algo nuevo que componer algo que está roto. ¿O no?

Lo mismo pasa con las relaciones de pareja cuando se ha decidido terminar una relación. No nos interesa componer la relación pues esto conlleva a perder tiempo, sacrificio, esfuerzo y decidimos terminarla y empezar con algo nuevo que sea “más resistente” con el uso.

Supongamos que tenemos la buena suerte de que paseando por la sección de juguetes y sin buscarlo encontramos un juguete que a simple vista nos parece más bonito y con nuevos aditamentos, en conclusión; la versión 2.0 mejorada y aumentada del que nos gustó hace tiempo. Para terminar de convencernos existe  esa leyenda tan llamativa que dice: Try Me!  

¡Tiene que ser mío! Y pagamos cueste lo que cueste.

Así que se comienza la nueva relación y parece ser mejor que la anterior, todo es nuevecito y reluciente, sacado del empaque y nos parece extraordinario. Nuevas conversaciones, nuevos temas para platicar, nuevas cualidades físicas, nuevas virtudes y en resumen nuevas experiencias.

Pero sucede que con el tiempo el juguete comienza a fallar, se le notan los raspones, se despinta más y más, se rompen algunas cosas, se pierden los aditamentos y por si fuera poco se acaban las pilas. Lo tiramos a la basura y si bien nos va, se queda en el baúl de los recuerdos.

¿Qué fue lo que realmente sucedió? Todo estaba bien y de repente nos aburrimos sin más ni más…

Honestamente no pasó así, el juguete se rompió, dejó de moverse por sí solo y por eso lo cambiamos. La solución no es visitar la juguetería de nuevo y elegir otro diferente, la solución es recordar que ¡tiene garantía!

Así que vamos muy contentos a reemplazar el producto por uno nuevo con garantía en mano y es entonces cuando el vendedor nos dice que no la puede hacer valida. Había letras chiquitas donde mencionaba que la garantía no era válida si se utilizaba en condiciones diferentes a las normales.

El verdadero error de todo esto fue no darnos cuenta que tenía un instructivo de uso y que nunca leímos por que nos dio flojera y lo único que queríamos en ese momento era jugar y ya. Debimos haber aprendido que era frágil y que debíamos cuidarlo, no exponerlo a altas ni bajas temperaturas, reemplazar las pilas pasado cierto tiempo, etc. Así que mientras no sepamos las instrucciones, seguiremos echándolos a la basura una y otra vez por la falsa creencia de que no son resistentes y están mal hechos.

Lo  mismo pasa con las relaciones, si supiéramos y entendiéramos la forma de pensar, de convivir o de sentir de los hombres y mujeres, nos ahorraríamos muchos problemas y no tendríamos que sustituirlo porque a fin de cuentas el problema es uno mismo, porque no sabemos  cómo cuidar o conservar el amor.

Si en las escuelas nos enseñaran esto en vez de biología o historia, tal vez seríamos más incultos de lo que ya somos, pero estoy seguro de que habría mucho menos divorcios y más parejas felices.

Estoy de acuerdo con que no es igual de fácil cuidar un objeto que una persona, pero la ventaja es que una vez aprendidas las instrucciones, funcionan aquí y en China, con Fulanita o Menganita. Eso sí, las especificaciones de cada producto son diferentes y eso es tema aparte. Pero con la guía general, es más que suficiente para saber conservarlo.

Aunque tampoco hay que descartar la realidad, puede que queramos cambiar esa persona porque ya hemos cambiado nuestros gustos o madurado, pero mientras siga existiendo cariño, creo que es necesario no tirar a la basura el amor que queda aún e intentar repararlo.

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