Creo que todos los seres humanos tenemos distintas personalidades, esta vez me centraré en 2 simplemente: la buena y la mala. Cada quien nace con un “ying-yang interno” y conforme pasan los años nos dedicamos a desarrollar más nuestra parte buena o nuestra parte mala según las circunstancias de la vida o como nos convenga simplemente. Alguna vez escribí; los buenos quieren ser malos, los malos… ellos siguen siendo malos. Triste pero cierto.

¿Quién dijo que ser malo y cruel era atractivo a los ojos de los demás? ¡Qué estupidez! ¿Porque nos empeñamos en ser arrogantes, soberbios, presumidos y demás adjetivos, para llamar la atención?. Justo como el villano de la película que mientras acaricia a su gato y sostiene una copa de alcohol, planea mil y un cosas para conquistar el universo. Y cuando lo logre, ¿llegara a ser feliz por fin? Pura codicia y egocentrismo del ser humano…

Aunque por otro lado y para no desacreditar, ese “gemelo malvado” o como queramos llamarlo, a veces tiene más astucia, perspicacia e inteligencia (características fundamentales de un verdadero villano) que nosotros. Es como un sexto sentido (o séptimo para las mujeres), que si llegamos a entrenarlo y dominarlo, puede funcionar a nuestro favor en gran parte de las experiencias de la vida.

Esto me recuerda a la película Spider-Man 3, donde Spider-Venom hace aparición en su traje negro y adquiere mejores poderes automáticamente, pero en el momento de que ese “parasito” comienza a controlarlo más de la cuenta, deja de ser dueño de su cuerpo y de su mente, ya no sabe lo que hace, sufre y finalmente  muere. Asimismo con nosotros pasa lo mismo, debemos controlar esa pequeña parte mala que tenemos, porque en cuanto sobrepase los limites, nos acabaremos a nosotros mismos gradualmente de una u otra forma.

Pero si nunca logramos  desarrollar adecuadamente ese último sentido, los demás acabarán con nosotros invariablemente…

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